Breve historia del software libre

Las universidades estadounidenses de los años 60 y 70 sostuvieron comunidades de conocimiento alrededor de la programación de computadores. Sin embargo, las restricciones de propiedad intelectual de las grandes compañías dificultaron esa forma de trabajo.

Con las licencias privativas de software, quienes trabajaban con computadores no podían compartir su conocimiento así sirviera para solucionar los problemas de los demás. Hay una célebre anécdota sobre una impresora en el MIT que se atascaba y que no se podía reparar porque el código era privativo; un espíritu totalmente opuesto al del bricolaje (se puede leer la anécdota aquí).

Ante la expansión del software privativo, las personas que querían seguir trabajando en comunidad propusieron el software libre: programas en los que el código era publicado y que cualquiera podía modificar y compartir; protegidos jurídicamente para poder hacerlo. Su idea era que la evolución de este software la jalonara la comunidad a través de la solidaridad y no únicamente a través del mercado.

La primera red social fue hecha para lograr esto, pero por supuesto, no consistía en un sitio web que regulara las interacciones, sino en un conjunto de foros, páginas, servidores, etc., que varios grupos alrededor del mundo alimentaban y consultaban continuamente.

Esta red creó sistemas fiables y potentes que ahora se conocen como GNU/Linux. Se trata de sistemas técnicamente más estables que Windows o Mac y que por eso se usa en aplicaciones críticas como la aeronáutica o los viajes espaciales. Android, el software de los teléfonos inteligentes, corre sobre uno de los componentes de este sistema: el núcleo Linux.

Lo mejor, es que cualquiera pude usar un sistema GNU/Linux en su computador personal. Muchos sistemas son gratuitos (se pueden descargar de Internet) y todos son libres: se puede modificar y compartir.

Eso sí, a pesar de su estabilidad, estos sistemas necesitan bricolaje: no hay que esperar que todo funcione recién se instala y seguramente habrá que configurar cosas todo el tiempo. Además, hay cientos de distribuciones de GNU/Linux para escoger y cada una requiere de ciertos conocimientos técnicos para usarla.

Esto ocurre porque una comunidad, a diferencia de una empresa, no siempre es homogénea ni puede esconder sus conflictos. El resultado es que sus productos son plurales y diversos.

Sin embargo, en GNU/Linux el bricolaje es un disfrute, porque todo se puede preguntar, todo está documentado y no hay secretos. Detrás de cada distribución hay sitios web soportados por voluntarios dispuestos a ayudar y en muchas hay un grupo de expertos que cobran por hacer soporte técnico.

En este blog usaremos una distribución que se llama Ubuntu porque es una de las más populares, requiere pocos conocimientos y tiene una interfaz novedosa.

Esta entrada fue publicada en Humanista informático. Guardar el enlace permanente. Trackbacks están cerrados, pero puede publicar un comentario.

Publicar un Comentario

Tu email nunca se publicará ni se compartirá.

Puedes usar estas etiquetas y atributos HTML <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>